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Al que escojo

No me arrepiento de nada. Amarte fue un incendio sagrado. Un salto al vacío con los ojos abiertos. Fuiste cielo y abismo al mismo tiempo. Y yo, feliz, me lancé. Lo nuestro no fue normal. Fue salvaje. Incontenible. Mágico. Una energía que no se explica, solo se siente. Nos encontramos como imanes que no saben hacer otra cosa que atraerse, una y otra vez, sin importar el daño, el tiempo o la distancia. Lo que tuvimos no se rompe. No se apaga. No se olvida. Nos conectamos en todas las dimensiones. Nuestros cuerpos sabían encontrarse incluso cuando el alma estaba rota. Tus manos eran brújula. Mi caos, tu hogar. Éramos fuego, piel, instinto, alma y guerra. Nos amamos con la misma intensidad con la que nos perdíamos. Éramos luz y sombra, cura y veneno. Nos bastaba una mirada para destruirnos o salvarnos. Nuestro amor era una fuerza de la naturaleza. Impredecible. Brutal. Sagrado. No pedía permiso. No conocía límites. Era magia de otras vidas. Promesas que nacieron antes de esta existencia. Y...

OTRA PERSONA

Eres fuego encerrado en una caja de hielo, mirada café que atraviesa mis huesos, tan serio, tan lejos, tan distraído, y aún así, tan presente en mis sueños. No te gusta sentir, y sin quererlo, has hecho de mi piel tu casa, de mis besos, tus silencios, de mis caricias, tu escape. Tu sonrisa tiene luz, una que ciega más que el sol cuando bailas, y aunque te escondas tras paredes de concreto, yo vi tu alma —estaba temblando. Sos un vaquero perfecto, y no lo digo por el sombrero, sino por esas nalgas que adoro, y la espalda que me da abrigo en invierno. Tus manos, mi vicio; tu lengua, mi hogar. Y aunque no sabes amar, ya me aprendiste de memoria. No te amas, no te encuentras, y aún así, me diste girasoles. ¿Sabés lo que hiciste? Dijiste "me caso contigo", y yo ya era tuya. Te gané completo sin planearlo, y vos… te perdiste en mí sin querer. Ahora pedís contacto, el que juraste no necesitar. Te miro y sé: no sabés ser amado, pero me dejás intentarlo. Y en esa contradicción hermosa...

Si estas

Amor, no creas que por ser mujer soy menos, cuando quiero, me entrego sin frenos, pero no me busques si me vas a fallar. conmigo no hay espacio pa' mentiras, mi pasión no se vende en las cantinas, y si te tengo, te quiero pa’ siempre, nomás. Porque tú, me haces arder aunque me haga la dura, soy celosa, soy orgullo, soy locura, y si te me vas, no respondo de más. Y tú, que me enciendes con solo mirar, te prohíbo que otra te vuelva a tocar, porque juro por Dios que no me sé controlar... Amor, yo nací entre caballos y tormentas, no me rindo aunque el alma esté desierta, pero por ti... me dan ganas de llorar. te lo digo con la voz entre cortada, yo no quiero ser tu sombra ni tu nada, quiero ser tu todo y hasta tu respirar. Porque tú, me haces temblar con solo una palabra, soy salvaje, pero tú me desarmas, y me celas... y me gusta que me celes más. Y tú, con tu voz que me sabe a tequila, con tu piel que es pecado y caricia, eres mío, entiéndelo: ¡nadie más! Amor, yo no sé escribir canci...

EL AMOR DESPUES DEL CAOS

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Después del caos, el amor no vuelve igual. No vuelve como antes, ni como en las películas. Vuelve más lento, más cauto. A veces vuelve en pedazos. Y a veces, vuelve después de vos. Porque primero hay que aprender a amarse una mismo. Y eso, cuando estuviste roto, cuando te fallaste, cuando tu reflejo era tu peor enemigo… cuesta un huevo. Pero se puede. Después de la adicción, no se ama igual. Ya no idealizás. Ya no te aferrás a cualquiera que te dé un poco de atención. Ya no necesitás que alguien te salve, porque entendiste que la salvación viene de adentro. Volver a amar fue, para mí, volver a confiar. Primero en mi juicio. Después, en el otro. Ya no me enamoro desde el vacío. Ya no busco que alguien me llene. Ahora el amor no es anestesia. Es presencia. Y si no suma, no se queda. Hubo vínculos que no resistieron mi cambio. Amigos que preferían a mi vieja yo destruida, porque les hacía sentir mejor su propia miseria. Amores que no supieron qué hacer con mi nueva versión. Y también está...
Es alguien que se queda cuando tenés un mal día. Es una mano que no tiembla cuando decís: “Estoy frágil.” Es la ternura de una mirada que no te pide que seas fuerte todo el tiempo.

Cuando llueve en paris

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Ella se llamaba Ana. Tenía una forma única de ver el mundo, como si todo lo que tocaba pudiera romperse o florecer. Morena, de ojos verdes y mirada cansada, pero viva. Había amado mal antes. Había sido amada peor. Y por eso, no creía mucho en las promesas. Él se llamaba Ricardo. Era tranquilo, de esos hombres que no hablan mucho pero lo dicen todo cuando te miran. Ojos café, manos grandes, un pasado de errores y silencios. Nunca había amado de verdad. Hasta que la conoció. Se conocieron en una librería pequeña en Montmartre, una tarde gris en París. Ana hojeaba un libro de poesía de Benedetti, y Ricardo, por casualidad —o por destino— le preguntó si ese autor era tan bueno como decían. Ella no sonrió. Solo dijo: —Si estás roto, te va a doler. Y volvió a su lectura. Esa tarde no intercambiaron teléfonos. Solo miradas. Pero el destino, travieso, los volvió a juntar tres días después, en la misma librería. Esta vez, fue él quien llevaba el libro. —Lo leí. Tenías razón. Me dolió. Ella sonr...

CRONAUTAS DEL DESEO

Año 2143. En una sociedad donde la tecnología era capaz de grabar recuerdos sensoriales, convertir emociones en archivos digitales y conectar conciencias a través de redes neurales, un grupo secreto de neurocientíficos creó un experimento prohibido: Éxtasis Temporal. La idea era simple pero revolucionaria: permitir que los humanos revivieran, una y otra vez, los momentos más intensos de sus vidas con absoluta fidelidad emocional, sensorial y física. Ana fue una de las primeras en someterse. Morena. Ojos verdes que parecían atravesar dimensiones. Una vida marcada por adicciones, traumas, explosiones emocionales. Un trastorno mental sin nombre preciso. No confiaba en nadie. Amaba intensamente, golpeaba intensamente, deseaba intensamente. Era fuego en piel, tormenta en forma de mujer. Atenta, amorosa, agresiva, pasional, exigente, cruel cuando amaba. Y amaba como un huracán. El archivo que pidió revivir era uno solo: Ricardo. Él era blanco, ojos color café profundo, con una vida igual de ...